Estoy feliz. Es más, soy feliz. Últimamente me siento muy bien. Vivo momentos muy buenos (otros no tanto, pero tampoco malos), tan buenos que el otro día, el sábado, tuve un momento de emoción repentina y casi echo a llorar mientras estaba conduciendo (sí, por fin he empezado las clases prácticas de coche). En lo profesional, en mi caso, la universidad, voy haciendo y he encontrado por fin una manera de organizarme que, de momento, parece correcta, aunque no podré aplicarla plenamente hasta el segundo semestre, creo, ya que, aunque ahora ya haya empezado a cambiar, quedan atrás cosas por zanjar y todo esto se acumula y va pesando. Por lo que hace a aspiraciones no profesionales pero también de habilidad o como se las quiera llamar, por fin he empezado las prácticas de conducir, como he dicho antes, y de momento, no se me da mal, ¡pensaba que sería algo mucho peor! Con las amistades, a parte de las nuevas de la universidad, mantengo las de años atrás y parece que los nubarrones que se habían postrado este verano empiezan a desaparecer, veré el momento cumbre este sábado, quiero. En relaciones más íntimas, podríamos llamarlo, estoy reviviendo algo pasado que no cambiaría por nada... y lo estoy reviviendo de una manera nueva que creo que es más sana para mí y también para él. No se sabe cuál será el futuro de ésto, ni hemos definido los sentimientos que nos mueven a comportarnos así, pero no pienso comerme el coco y dejaré que las cosas fluyan, sin llegar a ser pasota, para evitar un colapse mental y obsesionarme, acabando destruyéndolo todo sin ningún motivo.
En definitiva, creo que he recuperado, con todo esto, la estabilidad emocional de la que he carecido todo este verano y parte del otoño, y parece que las cosas van a mejor.
Único temor: el examen del jueves.
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