No recordaba lo que era sentirse idiota. Esa sensación de fracaso que aparece cuando se te cruza una piedra en el camino que no te deja avanzar porque no hay manera de levantarla y quitarla de allí, esa piedra que opone una resistencia constante en el tiempo y consigue acabar con tus ganas y voluntad, por lo que abandonas tus ilusiones con la excusa de que las retomarás algún día, aunque algo dentro de ti tiene miedo a que realmente eso no ocurra y ese propósito jamás se vea cumplido. He tenido constantes problemas en mi vida, sobre todo personal, en estos últimos dos años, aunque nunca había tenido la sensación derrotista que me invade esta mañana.
Este golpe en la cabeza, este aviso de que algo va mal me lo ha dado hoy, hace unos 20 minutos, un ejercicio de Bioestadística que no veo como resolver, y me he dado cuenta que no presto atención nunca a las instrucciones para poder después resolver las contrariedades que aparecen en mi vida (no presté atención en las lecciones de Bioestadística de esta semana). Quizá me he saltado las lecciones que hacen referencia a la solución de los problemas personales, aunque hay quien opina que no son soluciones universales y que dependen de cada sujeto, pero en el fondo, yo creo que hay un esquema general con el que más o menos podríamos guiarnos todos un poquito y evitar así muchos malos ratos. Bien, me los he saltado, y dudo que pueda volver atrás para asistir a esas "lecciones" y de paso enmendar errores anteriores, así que me tocará forjar mi propio esquema resolutivo, basado en las (malas) experiencias y encontrar así un atisbo de luz que me lleve a un destino mejor.
Bien, ahora voy a ver si encuentro el esquema resolutivo del problema de Bioestadística...
Cuidense
viernes, 30 de octubre de 2009
jueves, 8 de octubre de 2009
ELLA
La mirada fija en algun punto del horizonte, un punto imposible de adivinar en el reflejo de esos ojos verdes que gustan cada vez que los miras, aunque lo hagas por millonésima vez... Esos ojos son una de las armas de mujer con las que ella consigue enamorar o impresionar a cualquier transeúnte que se cruce con ella.
Como no, está orgullosa de sus ojos, pero no lo está más que de su pelo, por ejemplo, ese pelo castaño claro con reflejos rubios. Bien, no son reflejos rubios... Son mechas finas distribuidas con una gracia que pocos peluqueros deben tener, con un aspecto tan natural que requieren una acurada observación por parte de quien se fije en la melena de esa mujer, cosa que no pasa, ya que cualquiera se fija antes en sus ojos y queda aturdido de tal manera que no presta atención en si esos reflejos son naturales o la mano de dios ha intervenido.
Lo que realmente la enorgullece es su juventud. Bien, su fingida juventud. Ella tiene 47 años ya, no es una jovencita, pero eso, los desconocidos no lo saben. Cuando la miran, ven una mujer de unos 30-35 años con unos ojos que encogen el corazón y te dejan paralizado. Ella tiene ese don, un don oculto porque nadie realmente sabe su edad, pero con el que ella consigue manipular hombres constantemente. No es como muchas señoras que intentan recuperar su ansiada juventud vistiendo con ropa que apenas les cabe y mucho menos las favorece, ella se viste como una chica de 30 años y nadie puede decir que le quede mal, ya que parece que esa ropa esté diseñada para ella.
Bien, parece que a esta mujer, las cosas no le deben ir mal. Es lista, además, y tiene un buen trabajo, y un jefe enamorado de ella... Allí reside uno sus problemas, la manipulación que ejerce el capullo de su jefe sobre ella, porque claro, parece muy fácil plantarle cara a un machito imbécil que controla tu puesto de trabajo, pero no es nada simple. Esta atracción que produce en los hombres, utilizada varias veces a su favor, se vuelve en su contra en el trabajo y en el ámbito de su vida personal, ya que no ha encontrado aún (si es que llega a encontrarlo) a un hombre que la valore por algo más que esos ojos verdes, unos ojos que a veces terminan siendo una maldición...
Sexualmente, se siente realizada, pero aún espera un hombre para darle su amor y recibir ella el suyo. De momento, no parece que nada vaya a cambiar. De momento, porque quizá, ese chico que se acerca por la derecha, que acaba de subir al tren, con esos ojos oscuros y esa sonrisa tan blanca... tiene pinta de esconder algo que promete, pero sólo son conjeturas.
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